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Cómo devolver los resultados de un estudio a los participantes

Las cinco decisiones que hay que tomar antes de escribir nada, qué pide un comité de ética y cómo se redacta un resultado sin etiquetar a quien lo lee.

Por Ángel Zamora Martínez, doctor en Psicología

La mayoría de los estudios terminan igual. Se cierra la base de datos, se escribe el artículo, se publica —con suerte— dos años después, y las personas que dedicaron su tiempo a responder no vuelven a saber nada. Como mucho reciben un correo de agradecimiento.

La devolución de resultados es el proceso de corregir eso: comunicar a quien participó qué se encontró en el estudio y, cuando procede, qué se registró en su caso concreto.

No es un gesto de cortesía al final del proyecto. Es una decisión de diseño que conviene tomar al principio, porque condiciona el consentimiento informado, el protocolo y lo que se le promete a la gente al reclutarla.

Qué es la devolución de resultados, y qué no es

Conviene separar tres cosas que suelen confundirse, porque tienen destinatarios, plazos y obligaciones distintos.

La devolución individual. Cada persona recibe información sobre sus propias respuestas o mediciones. Es la más valiosa para el participante y la más delicada de hacer bien, porque implica comunicarle algo sobre sí mismo.

La devolución agregada. Todas las personas reciben el mismo documento con los resultados del estudio en conjunto. Es más sencilla y sigue siendo mucho mejor que el silencio. Cuál de las dos encaja con tu diseño se decide con cuatro preguntas.

El resumen en lenguaje claro con valor regulatorio. En los ensayos clínicos de la Unión Europea es obligatorio y tiene un formato definido. No sustituye a las dos anteriores: cubre otra necesidad.

Y una cuarta cosa que no es devolución de resultados: enviar el artículo científico. Un PDF de veinte páginas en inglés con modelos mixtos no es una devolución. Es un traslado del problema.

Por qué esto ha dejado de ser opcional

Durante años la devolución dependía de la buena voluntad del equipo investigador. Eso está cambiando por tres vías a la vez.

La vía regulatoria. El Reglamento (UE) 536/2014 obliga a los promotores de ensayos clínicos a publicar un resumen de resultados comprensible para personas legas, en el plazo de un año desde el fin del ensayo —seis meses si es pediátrico—. La presentación al sistema CTIS es obligatoria desde el 31 de enero de 2025 para todos los ensayos.

La vía de los financiadores. El NIH inició en 2026 el desarrollo de una política para que los resultados agregados se comuniquen en lenguaje claro a quienes participan en la investigación clínica que financia. El informe de las National Academies sobre devolución de resultados individuales lleva años empujando en la misma dirección.

La vía de los comités. Cada vez más comités de ética preguntan por el plan de devolución al evaluar el protocolo, y no se conforman con una frase genérica en la hoja de información.

Las cinco decisiones que hay que tomar antes de escribir nada

El error más común es empezar por el diseño del documento. El documento es lo último. Antes hay que cerrar cinco cosas, y conviene dejarlas por escrito porque el comité las va a preguntar.

1. Qué se devuelve y qué se calla

No todo resultado debe devolverse. El criterio habitual combina tres condiciones: que la medida sea válida —no un dato exploratorio ni un instrumento sin validar—, que sea interpretable por quien lo recibe, y que tenga alguna utilidad para esa persona.

Una puntuación de un cuestionario de cribado cumple la primera y puede fallar estrepitosamente en la segunda. Un biomarcador exploratorio sin significado clínico establecido falla en las tres.

Decidir no devolver algo es una decisión legítima, siempre que se explique. Lo que no es aceptable es devolverlo mal — y con instrumentos de cribado hay reglas concretas para no hacerlo, que están en cómo devolver puntuaciones de cribado sin causar daño.

2. Cuándo se devuelve

Antes de que se publique el artículo, idealmente. Que los participantes se enteren por la prensa de los resultados de un estudio en el que colaboraron es una forma eficaz de no conseguir que vuelvan.

En estudios longitudinales hay una decisión añadida: si se devuelve entre oleadas, esa devolución puede influir en las respuestas siguientes. A veces es preferible esperar al final; a veces la devolución intermedia es justamente lo que sostiene la retención. Está desarrollado en devolución de resultados y retención en estudios longitudinales.

3. En qué formato y con qué registro

Un estudiante de veintidós años, un participante de un ensayo clínico y un paciente de setenta con dolor crónico no leen igual. El mismo contenido exige tipografías, longitudes de frase y niveles de tecnicismo distintos.

Esto es más determinante de lo que parece. Un informe correcto pero ilegible para su destinatario no ha devuelto nada. Puedes ver tres ejemplos completos con el mismo oficio y tres registros distintos para hacerte una idea de hasta dónde llega la diferencia.

4. Qué se hace si aparece un hallazgo preocupante

Esta es la que más se olvida y la que más problemas da. Si al preparar la devolución aparece una puntuación de riesgo por encima del umbral, ¿qué ocurre?

La respuesta tiene que estar escrita antes de que ocurra, y en el protocolo aprobado. Quién lo detecta, a quién avisa, en qué plazo, y qué se le dice o no se le dice a la persona. Improvisarlo con el caso delante es la peor situación posible.

5. Quién envía y con qué identificación

Si el análisis lo hace alguien externo, esa persona no debería tener la identidad de los participantes. El vínculo entre el código y la persona se queda en el equipo investigador, que es quien envía. Esto condiciona todo el circuito de datos: lo detallo en cómo compartir los datos de tu estudio con un proveedor externo, y así es como debería funcionar ese circuito.

Cómo se redacta un resultado sin etiquetar a quien lo lee

Aquí es donde una devolución bienintencionada puede hacer daño. Cuatro reglas prácticas.

No devuelvas la puntuación bruta ni el punto de corte. «Ha obtenido 17 puntos, por encima del umbral de 15» convierte un instrumento de cribado en una etiqueta diagnóstica que nadie ha establecido. Es preferible mostrar la trayectoria de la persona, o su posición respecto al grupo, sin un umbral que dictamine.

Compara con el grupo, no con una norma moral. Decir dónde está alguien respecto a las demás personas del estudio es información. Decirle que está «mal» es un juicio que un cuestionario no autoriza.

Nombra las fortalezas, y hazlo primero. No por amabilidad, sino porque es igual de cierto. Si alguien puntúa alto en apoyo social y bajo en sueño, ambas cosas son resultados del estudio.

Que los recursos de apoyo aparezcan en todos los informes, no solo en los preocupantes. Si el bloque con el teléfono del servicio de atención psicológica solo sale en algunos, su mera presencia se convierte en la etiqueta que estábamos evitando. Debe estar siempre, y decir explícitamente que está siempre.

Qué pide un comité de ética

Por experiencia, un plan de devolución que un comité acepta sin ida y vuelta contiene:

  • Qué resultados se devolverán y cuáles no, con el criterio aplicado.
  • El momento de la devolución respecto al final del estudio y a la publicación.
  • El formato y el destinatario, incluyendo cómo se adapta el lenguaje.
  • El procedimiento ante hallazgos que requieran atención, con responsable y plazo.
  • Quién trata los datos para elaborar la devolución y bajo qué figura jurídica.
  • El texto concreto que aparecerá en la hoja de información al participante, para el que hay tres versiones tipo según lo que vayas a poder entregar.

Ese último punto ahorra mucho tiempo: si el consentimiento no menciona la devolución, añadirla después obliga a una modificación del protocolo.

He desarrollado los ocho apartados con texto tipo de cada uno en plan de devolución de resultados para el comité de ética.

Tres errores que se repiten

Prometer en el reclutamiento lo que luego no se entrega. «Le informaremos de los resultados» es una frase que se escribe en cinco segundos y compromete a un trabajo real dos años después. Si no va a haber presupuesto ni tiempo, es mejor no prometerlo.

Confundir devolución con difusión. Una nota de prensa, un post en redes o una jornada de resultados son difusión. Están bien, pero no son una devolución a quien participó — y a la hora de justificar, no cuentan igual en el apartado de impacto.

Dejarlo para el final. Cuando el estudio ha terminado, el contrato del personal técnico ha acabado y la financiación está justificada, la devolución se convierte en trabajo no pagado que alguien hace de noche. Presupuestarla desde el principio es lo que hace que ocurra — y para eso ayuda saber cuánto cuesta realmente, tanto externalizado como con recursos propios.

Por dónde empezar

Si estás diseñando un estudio ahora, escribe el plan de devolución antes que la hoja de información, y que la hoja recoja lo que el plan dice.

Si el estudio ya está en marcha, revisa qué prometiste en el consentimiento. Eso marca el mínimo que tienes que cumplir; a partir de ahí, cualquier cosa que sumes es ganancia para la retención y para la siguiente convocatoria.

Y si lo que te preocupa es la producción — cómo pasar de un diseño a trescientos archivos sin que se cuele un error — está en del CSV a 300 informes.

Y si lo que te frena es no tener tiempo ni herramientas para hacerlo bien, así es como se ve una devolución bien hecha.

¿Y cómo se vería con tus datos?

El Prototipo responde exactamente eso: un informe real, con tu estudio y tu marca, en una semana.